
Baja del Realejo
Salimos desde el muelle pesquero de El Puerto de La Cruz y tras unos veinte minutos de navegación en este movidito mar llegamos a nuestra deseada inmersión.
No hay nada de
corriente. Desde la embarcación podemos ver la parte superior de la
baja a unos
siete metros de profundidad. Desde que nos sumergimos la observamos
completamente rodeada de fulas, pejeverdes, salemas y además nos vienen a
recibir una hembra de pejeperro y un abade grandísimo. La cosa empieza bien…
Descendemos por un lateral y nos encontramos con una sama roquera de gran tamaño. Nos introducimos por un arco y descendemos hasta la cota de cuarenta metros, un arenal con varias gorgonias rojas para entretenernos.
En la base de
la baja encontramos varias cuevas con abundantes alfonsitos, catalufas, burritos
listados y ¡Alegría! Nos encontramos un par de meros inmensos que al vernos
huyen de nosotros. Ya los ordenadores están empezando a calentarse
por
lo que ascendemos lentamente husmeando en cada rendija de la pared. Podemos ver
morenas con sus correspondientes lady scarlata limpiándolas, anémonas y una
infinidad de esponjas de diferentes especies que crean una imagen preciosa ante
nuestros ojos. Es una pared completamente vertical de unos cincuenta metros de
largo. Realmente esto debe ser lo más parecido a volar.
Proseguimos en nuestro ascenso porque ya llevamos más de media hora de inmersión y seguimos casi en los treinta metros, ocho minutos de DECO nos marca en estos momentos el ordenador.
Para rematar este buceo llegamos a la parte superior de la baja y se nos acerca un grupito de medregales de unos once elementos. Como siempre curiosos nos dan un par de vueltas durante unos minutos hasta que se aburren de nosotros.
Es el final perfecto para una inmersión difícilmente mejorable.
Fotos: Fernando Ros