El Kalais
Nos
subimos a la zodiac y ya se nota la impaciencia por llegar al pecio en los compañeros
de embarcación.
Son
diez minutos de zodiac en un mar un poco bravo, pero no importa. Nada más
llegar un pequeño briefing y, “Al agua...”
Desde
que caes al agua ya se vislumbra la silueta del barco y podemos ver las enormes
chimeneas que emergen desde la cubierta hasta unos –10 m.
Un
primer vistazo y no sabes por donde empezar. Son 110 metros de eslora para
un
barco repleto de vida. En cubierta hay dos bodegas muy grandes. Por la más
cercana a proa se puede acceder incluso a la segunda bodega (pero es un buceo
para gente un poco experimentada).
También
se puede penetrar en la sala de máquinas y en los camarotes, siempre con mucho
cuidado.
La
profundidad máxima es de –32 m. con lo que la inmersión no se puede alargar
más allá de los treinta y cinco minutos sin entrar en descompresión.
Es
aconsejable bajar al arenal enfrente de la proa para tener una perspectiva del
calado de este grandioso pecio.
En
el barco habitan infinidad de fulas, sargos, catalufas, viejas, peces trompeta,
además de mucha vida sésil. Casi siempre nos acompaña un cardumen de
barracudas de unos cien especímenes.
Al
ascender hay que tener cuidado con la corriente (estamos en el azul) al hacer la
parada de seguridad o de descompresión.
Es
tan grande y con tantos recovecos que ver, que hacen falta al menos dos
inmersiones para “casi” ver todo el pecio.
De
vuelta a la embarcación todos salen entusiasmados con lo que acaban de
presenciar.
Hasta poder repetir la inmersión El Kalais siempre estará en nuestro recuerdo.
Fotos: Fernando Ros y Pedro Hdez.