
Quedamos en el centro a
las ocho de la noche. Empezamos a equiparnos media hora más tarde,
tranquilamente en lo que va llegando la gente. Siempre con el buen rollo que
causa una nocturna. Algunos
nerviosos, un poco excitados. Pero felices de lo que van a hacer. Hoy vamos a
hacer una nocturna en El Condesito –un pecio interesante-.
El tiempo está perfecto. Hace una noche de impresión, veinticuatro grados, despejado, la luna está casi llena. O sea una noche idónea para bucear. Sobre las nueve nos dirigimos a la embarcación está empezando a anochecer...
Llegamos al punto de
buceo en unos cinco minutos y como siempre el rutinario proceder de equiparse
para saltar al agua. Después de un exhaustivo breefing nos vamos al agua
por parejas. Que sensación, desde que entras al agua ya se puede ver el pecio
con nuestros focos. Ahí está esperándonos...
Descendemos por el cabo y
llegamos a la proa. Empezamos a inspeccionarlo. ¡Que diferente a la semana
pasada que lo hicimos por la mañana! La fauna
diurna casi no existe. Algunos
peces trompetas dormidos, alguna catalufa, las viejitas con su mucosidad externa
para protegerse de los depredadores nocturnos. Un montón de fulas pegadas al
casco del barco. Y eso si infinidad de gusanos de fuego, de cangrejos araña. Un
montón de holoturias, pegajosa –Euapta lappa-, pingaburro –Holothuria
sanctori- Una preciosa Tonna galea (una caracola –gasterópodo- muy
difícil de ver). Nos introdujimos con mucha precaución en el interior del
pecio y llegamos incluso casi hasta la sala de máquinas.
La verdad es que el
misterio que entraña el buceo en pecios se ve acrecentado con la nocturnidad.
Es una experiencia que se la recomiendo a todo el mundo.
Volvemos a explorar los
exteriores con mucha minuciosidad y vamos encontrando mucha fauna pequeña.
Llegamos a ver un cangrejo araña devorando un erizo diadema. Con que delicadeza
lo iba cortando con sus pinzas.
Después de cincuenta y un minutos ya solo quedábamos mi pareja y yo en el agua y tuvimos que salir... ¡Que se le va a hacer!