Bajamos
la escalerita del muelle de pescadores situado en el núcleo urbano. Y saltamos,
desde que entramos en el agua nos asombra la increíble claridad de sus aguas,
debido a su fondo volcánico rocoso. Tomamos rumbo a la derecha siguiendo la
pared del muelle que continúa con unos prismas de hormigón por donde podemos
introducirnos y siempre encontramos algún pulpo. Desde el principio nos
encontramos infinidad de fulas, jureles, sargos, cabrillas, viejas,
etc.. No nos
aburrimos nunca... Al llegar al final del dique nos dirigimos rumbo norte y
encontramos un ancla bastante grande, a unos veinte metros hallamos otro un poco
más pequeño. Bordeando unas formaciones rocosas llegamos a un arquito muy
bonito por el que pasaremos. En este momento estamos en la máxima profundidad
que nunca pasará de los veintidós metros. En esta zona nos encontramos siempre
con muchísimos roncadores y las samas roqueras más grandes que se puedan ver
en toda la isla. Ya de vuelta no encaminamos a la
boca del muelle de nuevo y
podemos coger a la derecha y nos adentramos en una pequeña baja con un paisaje
precioso. En estos momentos estamos en pleno azul y siempre se divisan bancos de
barracudas de considerable tamaño.
De nuevo hacia el muelle vamos subiendo cotas hasta llegar a la escalera del muelle por la que descendimos o si ha bajado la marea se sale por la escalera metálica. En los últimos minutos de la inmersión y estando a tan poca cota aprovechamos para hacer la parada de seguridad observando la mucha vida que nos encontramos.
Foto Barriguda: Fernando Ros
Foto Autor: Montse Martín